Saltar al contenido

El síndrome: “Porfirio Díaz”

Dr. Silvino Vergara Nava

“Los mexicanos están contentos con comer

Desordenadamente, antojitos, levantarse tarde,

ser empleados públicos con padrinos de influencia,

asistir a su trabajo sin puntualidad, enfermarse con

frecuencia y obtener licencias con goce de sueldo;

divertirse sin cesar, casarse muy jóvenes y tener

hijos a pasto; gastar más de lo que ganan

 y endrogarse para hacer fiestas”.

Porfirio Díaz

El general Porfirio Díaz, una vez que llegó por segunda ocasión a la presidencia de la República, ya no la dejaría hasta el inicio de la revolución mexicana, en tanto en 1884, se casó con Carmen Romero Rubio, 34 años menor de edad que el general, hija de quien después sería secretario de gobernación del gobierno de Díaz, previamente, ministro de relaciones exteriores del gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada.

La novia era ahijada del propio Lerdo de Tejada, proveniente de una familia católica, y de la famosa aristocracia mexicana que nunca dejó sus principios y costumbres, incluso, provocó que Díaz fuera incursionando en esos círculos de la alta sociedad, con el necesario refinamiento de quien había sido un militar victorioso en los campos de batalla, por ello, dicen los historiadores que, debido a esa influencia es que el denominado “Porfiriato” apeló a la cultura europea, particularmente a las costumbres, arquitectura y cultura francesa.

Así, la imagen del presidente Díaz en fotografías, tenía que ser occidentalizada o, mejor dicho: “Afrancesada”, para ello, insisten los historiadores, aparecía en las fotografías con tez menos morena y como pasaba el tiempo era cada día más blanco en las fotografías, fruto de lo que hoy sería denominado como el “Photoshop”, sin embargo, en ese tiempo con maquillaje, talco, y otros materiales, lo hacían ver como un general francés, como olvidando sus orígenes en los pueblos de Oaxaca.

Esto que se veía despectivo en algún tiempo de la historia de nuestra nación, resulta que con las campañas electorales para las elecciones de una multiplicidad de cargos públicos, más de dos mil en toda la nación, el 2 de junio de 2024, está encontrando relevancia, es decir, muchos de los candidatos a cargos públicos de elección popular, están adquiriendo en sus fotografías para sus campañas eso que Porfirio Díaz adquirió en los tiempos de su gobierno, que bien le podríamos llamar: “El síndrome de Porfirio Díaz”, pues basta con observar a una gran cantidad de candidatos a cargos públicos, ya no solamente maquillados, sino que algunos con indicios de las nuevas tecnologías para la belleza humana, cirugías estéticas, implantación de pelo, depilación, etc. Es decir, todo un desfile de arreglos estéticos, pero los que sobresale son los que corresponden a esa blancura que aparece en las fotografías que son instaladas como péndulos en las calles de las ciudades. Desde la ciudad de México hasta cualquier rincón del país, observamos las fotografías con esa blancura de los candidatos y, los que tienen la oportunidad de acudir a un mitin o bien, presenciar en vivo a los candidatos, resulta que: ¡son otras personas!, menos arregladas que en las fotografías, pero sobre todo menos blancos, al grado de que algunos resultan hasta irreconocibles en vivo.

Este problema que tenemos arraigado en México, desde la propia colonia con la división de las castas, parece que no ha desaparecido, se mantiene esa postura a lo largo de los años en nuestra nación ya independiente, son parte de la idiosincrasia del mexicano, que para entenderlo mejor es necesario seguir leyendo ese libro de la década de los cincuenta del siglo pasado: “El laberinto de la soledad”, de Octavio Paz, como para entender este fenómeno que sigue vigente en México y en toda Latinoamérica, ya que tampoco se va a decir que es exclusivo de México, pues basta adentrarse un poco a la historia de los países centroamericanos o por ejemplo, del caribe como República Dominicana, por ello, bien que vale la pena dar una repasada al libro emblemático del uruguayo Eduardo Galeano: “Las venas abiertas de América Latina”, como para darnos cuenta de que ese síndrome de “Porfirio Díaz” no es gratuito. Por lo pronto, hay que tener cuidado en las votaciones y a quien se va a elegir, no vayamos a recibir una sorpresa en que votamos por el de la fotografía que cuelga en un pendón y resulta que, al tomar posesión, es otra persona en vivo, pero lo más preocupante es que, sí así se maquillan sus rostros: ¿Cómo maquillarán las cuentas públicas? (Web: parmenasradio.org)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: ¡¡El contenido está protegido!!