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El divorcio entre política y economía

Introduction

«¿Porque molestarnos si los políticos, de cualquier

tendencia, no pueden prometernos nada, salvo lo mismo?

La indiferencia política y la apatía de los ciudadanos,

y la despreocupación del Estado que no cumple con

su obligación de promover el bien común son hijos

legítimos, aunque integrados, de la sociedad civil».

Zygmunt Bauman

En los últimos tiempos hemos visto como las medidas políticas en poco afectan a la economía, sobre ese particular, podemos sostener qué, estamos ante la presencia de una serie de fenómenos que han distanciado más a la política de la economía.

Quizá, la prueba más palpable que se ha presentado con este fenómeno es lo que sucedió con las manifestaciones de 2011, no solamente en Europa. Por un lado, en España la crítica era sobre el sistema económico, y la falta de oportunidades a los jóvenes, la ausencia de buenos empleos, la inconsistencia en que se estudia para ser desempleado, y todo ello, abonó en el movimiento de los denominados: “Indignados”. Todas sus críticas y gritos eran en contra del sistema económico, no tanto en contra de la monarquía española o del gobierno español, como era en otras ocasiones. Esto mismo sucedió en las manifestaciones en Paris, en Atenas y en la mayoría de ciudades del Mediterráneo.

En ese mismo año de 2011, el movimiento de los que ocuparon la calle emblemática de Nueva York, la calle financiera por excelencia: “Wall Street”, sucedió lo mismo, se instalaron los jóvenes norteamericanos y extranjeros con similares quejas y reclamos al sistema financiero, no se fueron a quejar o reclamar a Washington, capital de Estados Unidos de América y del poder político, sino en el lugar más central que puede haber del poder económico, las quejas fueron exactamente iguales que lo sucedido en España en ese mismo año. Y, así, nos podemos seguir con los movimientos que se suscitaron en ese mismo 2011.

La primavera árabe de 2011, tenía otras misiones, sobre todo rescatar derechos perdidos respecto a la democracia y el respeto y exigencia de derechos de la mujer, que fueron los principales reclamos a los gobiernos de los países de Egipto, Túnez, Libia, por los ciudadanos de a pie.

Sobre estos movimientos sociales, nos quedamos con la tarea de averiguar qué sucedió con todos ellos, pues, con el paso del tiempo pareciera que los propios miembros de esas organizaciones fueron “seducidos” por el propio sistema y se fueron diluyendo hasta desaparecer. Lo que sí es cierto es que, se cercioraron del divorcio entre lo político y lo económico que es una realidad.

Los gobiernos de las naciones, llamados como gobiernos “locales”, hacen su trabajo muy por aparte de las problemáticas económicas, poco pueden influir en ellas, es más, las organizaciones internacionales, se han encargado de recomendar y obligar a medidas como que, los bancos centrales sean independientes o autónomos de la administración pública (en México desde 1993) Por lo cual, son estas, y no el poder ejecutivo, los que dictan las reglas monetarias de las naciones, ya solo queda para las naciones las políticas correspondientes a los temas menores y meramente operativos.

¿Qué le corresponde a los gobiernos locales en temas económicos?, la verdad muy poco, casi nada, lo que le corresponde a los gobiernos nacionales es seguir las instrucciones de los organismos internacionales, unos con mayor rapidez e intensidad y otros con menor intensidad, pero lo que deben de hacer es seguir los cánones, tal es el caso de esa “recomendación”, con el banco central, o bien, la implementación de leyes correspondientes a la persecución del lavado de dinero y financiamiento al terrorismo, la implementación de mayores impuestos indirectos, la flexibilidad jurídica para instalar empresas de inversión extranjera, la facilidad de incrementar con la tecnología la afectación al medio ambiente, es decir, hoy, los sistemas gubernamentales se encuentran acorralados en ese divorcio entre el poder económico y el poder político, lo cual es muy grave para las democracias de las naciones porque en lo que meridianamente se puede influir por la población es en la elección del poder político, pero no en el poder económico, que es el que toma las decisiones que repercuten en nuestros bolsillos. Por ello, habría que preguntarse: ¿Hasta dónde es la diferencia entre la victoria electoral de un partido político ante otro, si finalmente, el poder político, está sumamente reducido en el ámbito de sus atribuciones? (Web: parmenasradio.org)

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