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Ecuación mexicana: Más policías, más delincuencia

Silvino Vergara Nava

“Alimenta una cultura del miedo y el control en la

que el umbral del miedo es cada vez más bajo, …

El fuerte redireccionamiento de recursos fiscales

y administrativos hacia la justicia penal, tanto en

el nivel federal como estatal, produjo una

transformación del Estado, que algunos, con gran

acierto, describieron como un pasaje de ‘Estado

benefactor’ a ‘Estado penal’”.

Jonathan Simon

La fórmula no falla, en realidad, entre más policías, vigilancia, patrullas, equipos de seguridad, resulta más la inseguridad pública, esto pareciera que va contra toda lógica, pero no es así, en realidad, se trata de algo muy natural para la historia mexicana, pareciera que en México y en América Latina, el mundo es al revés, pues lejos de que la seguridad pública se mejore poniendo equipos policiales, sucede todo lo contrario.

Normalmente, estamos acostumbrados en México, y es un conocimiento popular, que poniendo más policías, resulta que hay más inseguridad, más delincuencia, más extorsiones, lo cual no está fuera de la lógica, es lo más normal, como es regular que se contrate a personas que no tienen capacidad, menos aún vocación y aún menos capacitación para fungir como policías, vigilantes, agentes de tránsito, entonces, lo que sucede es que, estas personas no pueden, menos aún, tienen la capacidad de poder acabar con la delincuencia, sobre todo la delincuencia ya más profesional, mejor capacitados para el delito, por ello es que como no pueden con esa delincuencia, o de plano, les implementa dosis de temor, entonces, acaban cumpliendo con sus obligaciones extorsionando a los ciudadanos de a pie, es decir, están deteniendo a quien tiene solo una placa en el vehículo, al que no cuenta con licencia de conducir, al que está hablando por teléfono en tanto se encuentra conduciendo, el que se pasa la luz amarilla del semáforo, etc., esto es, se preocupan por nimiedades, pero nada de lo que corresponde en serio, es decir la delincuencia organizada les pasa por sus ojos y no lo perciben, o han estado ya amenazados, o bien, son cómplices de la misma.

En tanto, lo que le sucede al ciudadano de a pie, que es el que más está preocupado por estas situaciones, es que se convierte en el infractor asiduo por parte de las autoridades de vigilancia, por lo que, no es nada extraordinario que, viendo a un agente de tránsito, o bien, una patrulla, se prefiere cualquier ciudadano consiente, esperar a que circule esa patrulla, a que “agarre” despistado a otro ciudadano. Pero, siempre que se ve alguien de la seguridad pública en general por cualquier ciudadano común y corriente, es normal que vea la forma de eludirlo, porque sabe que puede ser sujeto a alguna infracción de los miles que se encuentran en los reglamentos de tránsito y de seguridad pública.

En cambio, el que efectivamente es un delincuente, quien se aprovecha de la oportunidad para robar un bolso, una cartera, etc., sabe que es muy difícil que sea detenido, consignado, etc., por ello es que, resulta temeroso para cualquier ciudadano de a pie ver a una patrulla, un policía, un agente de tránsito. En lugar, de considerarse seguro, que se encuentra resguardado, pasa lo contrario, por ello es que, esa ecuación no falla, entre más policías, menos seguridad se percibe por los ciudadanos, por muy capacitados que se encuentren o por muchos esfuerzos que hagan las autoridades, esto es lo más común, y que es algo de lo que es muy difícil de cambiar en la idiosincrasia del mexicano, no obstante, algo se debe de hacer.

La respuesta ha sido, mayor capacitación, mayor salario, mayores prestaciones, posibilidades de subir de jerarquía en sus gremios, pero todo esto ha sido infructuoso, sobre todo porque los funcionarios de mayor nivel, no cuentan con la carrera que tiene el policía de a pie, por ende, no lo comprende, menos aún conoce las necesidades que se presentan, por lo cual, por mucha tecnología, capacitación, uniformes, etc., lo cierto es que en tanto los cargos de mayor jerarquía no sean provenientes de un eslabón, y se trate de meros cargos políticos, seguirá sucediendo lo mismo, en realidad, lo que se requiere es alejar la política y las decisiones de mera voluntad para que se tomen decisiones más técnicas y con ello se pudiera mejorar la imagen de los policías que, es uno de los graves problemas que se han vivido en los últimos tiempos en el país, basta con observar los medios de comunicación, en donde se evidencia que incluso, son los propios policías los que cometen los delitos, los que protegen al crimen organizado o de plano, los que salen corriendo de los hechos delictuosos, por ello es que, en tanto se encuentren así las condiciones policiales, en donde los cargos superiores sigan siendo cargos políticos y no técnicos, seguirá funcionando esa ecuación mexicana, que entre más policías, más inseguridad, más delincuentes. (Web: parmenasradio.org)

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